EL ORIGEN DE LA IDEA DE DIOS
En 1841 Ludwig Feuerbach publicó su obra más importante, La esencia del cristianismo. A partir de entonces, Feuerbach se convirtió en el principal referente de la izquierda hegeliana, desplazando a David Strauss.“Mi primer pensamiento fue Dios, el segundo fue la razón y el tercero y último, el hombre”, dice Feuerbach resumiendo su itinerario intelectual. El mismo recorrido ha realizado la humanidad, que primero pensó en Dios y luego comprendió que el conocimiento de Dios no era sino un momento en el proceso de conocimiento del hombre por el hombre. Feuerbach negaba el teísmo, al negar la existencia de Dios, y negaba también el idealismo, suplantando al "espíritu" y a la "razón" por el hombre real, corporal y sensible.
No fue Dios el que creó al hombre sino el hombre el que creó a Dios, a su imagen. En “La esencia del Cristianismo” se propone mostrar la verdadera esencia de la religión: la ANTROPOLOGÍA.
La crítica a la religión y a la teología se basa en una interpretación genético–secular de la religión: la religión se debe a la diferencia entre el hombre y el animal:
· El animal está dotado de instintos.
· El hombre tiene conciencia.
· La conciencia le permite hacer suyo lo otro y captar la esencia, sobre todo la propia.
· Se expresa en las funciones básicas de la razón, la voluntad y el amor.
La religión es la actitud del hombre ante su propia esencia; es la “conciencia de lo infinito”. Dios es la esencia del hombre puesta fuera del hombre. Ese es el crimen de la religión de la religión y la teología.
Pero la verdadera trascendencia no es Dios, sino la ESPECIE, que supera al individuo.
El concepto de Dios es una PROYECCIÓN. El ateísmo es, en el fondo, un humanismo, pues devuelve al hombre lo que el hombre ha hipotecado al atribuir a un ser ideal su realidad.
Como hemos dicho, según Feuerbach no es Dios quien ha creado al hombre a su imagen, sino el hombre quien ha creado a Dios, proyectando en él su imagen idealizada. El hombre atribuye a Dios sus cualidades y refleja en él sus deseos realizados. Así, alienándose, da origen a su divinidad.
Pero, ¿por qué lo hace? El origen de esta alienación se encuentra en el hombre mismo. Aquello que el hombre necesita y desea, pero que no puede lograr inmediatamente, es lo que proyecta en Dios. “La palabra Dios tiene peso, seriedad y sentido inmanente en boca de la necesidad, la miseria y la privación.” Los dioses no han sido inventados por los gobernantes o los sacerdotes, que se valen de ellos, sino por los hombres que sufren. “Dios es el eco de nuestro grito de dolor.”
En La esencia del cristianismo Feuerbach se propone reducir la Teología a Antropología, devolviéndole al hombre sus cualidades más excelsas, antes atribuidas a Dios. De este modo, el ateísmo es presentado como condición de posibilidad para el surgimiento de un verdadero humanismo.
Feuerbach califica de “giro decisivo de la historia” al hecho de que el hombre reconozca abiertamente que “la conciencia de Dios no es más que la conciencia de la especie”. “Homo homini deus est.”
Cuanto más engrandece el hombre a Dios, más se empobrece a sí mismo. El hombre proyecta en un ser ideal (irreal) sus cualidades, negándoselas a sí mismo. De este modo, reserva para sí lo que en él hay de más bajo y se considera nada frente al Dios que ha creado.










